“Y soy también la memoria de mi Nación”

Jueves, 29 de Julio de 2010

Lo que van a leer es algo que sólo un profundo poeta de la talla de Carlos Patiño pudo crear. Tiene alma, corazón y vida, tiene pasado, presente y futuro; trata sobre la cacica quilmes, Isabel Pallamay, que vivió, luchó y partió en 1718 en Quilmes junto con su amor Martín Salchica y sus guaguas (sus hijos) por culpa de la enfermedad europea, por culpa de la viruela. Jamás leí algo semejante sobre los quilmes, jamás leí un relato histórico sobre ellos que me produzca tanta memoria y emoción. Estoy doblemente sorprendido, primero por el ancestral impacto que me causó el relato de Patiño y segundo porque su novela, “La Pallamay”, —de la que aquí se publica una parte— no encuentra editor. (Dardo Abbattista)

Yo soy la memoria de Isabel Pallamay, brisa helada que viene desde el asiento de los tiempos para hablarte a vos, cristiano, que andás hoy por las calles de la ciudad que lleva el nombre de nuestra orgullosa nación; a vos, cristiano, que lo ves, lo decís y hasta lo escribís todos los días sin saber muy bien qué significa en realidad. Quiero que sepas que esa palabra, Quilmes, contiene nuestra historia, nuestro martirio, nuestra larga lucha por no tener dueño y nuestro morir sin haberlo admitido. Que fueron otros cristianos quienes nos arrancaron de nuestra Pachamama y nos dieron otros nombres y quisieron robarnos también nuestro ser. Viracocha quiso que no pudieran quitarnos todo cuanto quisieron, porque aún hoy la gente dice que vive en Quilmes, que va o viene de Quilmes. Para ellos es sólo un nombre. Pero, en realidad, es mi memoria, nuestra memoria.

Tus pasos caminan sobre los nuestros, sobre los pasos de don Martín Iquín, el Señor que sufrió el dolor de la última derrota allá en los valles y el comienzo de nuestro morir aquí; de Francisco Pallamay, mi padre, que luchó tanto para que nosotros fuéramos tenidos como humanos; de don Josephe Baltos, el guerrero; de don Pedro Vindus, Señor de los acalianes, nación indómita a la que ni siquiera le dejaron memoria, porque no hay pueblo ni calle que la evoque.

Portada de la novela de Carlos Patiño

Portada de la novela de Carlos Patiño

Y tus pasos caminan sobre nuestros pasos cuando vas por Rivadavia, por Alsina, por Alvear, por Mitre o San Martín, nombres que sólo evocan tus propios guerreros y tus propios caciques. Privilegio del vencedor. Pero nuestros pasos fueron los primeros que recorrieron estos senderos. Nosotros abrimos estas calles y las fecundamos con nuestro sudor y hasta con nuestra sangre. Debajo de las veredas, debajo del asfalto que tiembla con el andar de tus enormes vehículos, está la presencia de las vidas de nuestros varones, hembras y guaguas que se fueron apagando lejos de su Pachamama. Cuando estás bebiendo ese licor que también evoca nuestro nombre en una de las chozas luminosas, confortables y cálidas en que te agrada estar, tal vez estás sentado en el mismo lugar en donde alguna vez se amaron don Lorenzo Sargento y su Thomasa Nabarro. O en donde alguna vez se urdió la intriga que acabó con la vida de mi hermano Juan.

Siento el orgullo de que el nombre de mi nación haya perdurado hasta hoy, y que ese nombre sea dicho por millones de personas, visto por millones de personas, escrito por millones de personas. Y que ese extenso mundo que nosotros ignorábamos que existía también lo evoque gracias a ese maravilloso aparato que encierra y envía a cualquier parte seres y nombres. Y aunque para ellos sean sólo letras dibujadas en una camisa o en un envase opaco, de todos modos es nuestro nombre, de todos modos sigue siendo nuestra memoria; de alguna manera oscura y extraña, que no puede ser sino el amor de Pachacamac, nuestra nación sigue siendo nombrada cada día, cada noche, cada madrugada la nombran.

Y yo soy la memoria de Isabel Pallamay, mi propia memoria. Podés verme, desnuda, acechando desde las nubes rojas y negras que supe ganar; soy una mano sin uñas, ni piel, carne o hueso, rascando algo que sangre hasta que la alimente. Mi piel de gamuza se arruina con la lluvia, pero el Padre Sol me protege de las asechanzas. He pasado mi mano por mi propia piel sombría y muchas veces fui sólo el ardor de matices entre el no y la huida. Oh, Martín: tus manos, obra de arte, mi cuerpo un capullo perfecto. Y la muerte, nuestras muertes, dolorosas, terribles: ¿convirtieron nuestras vidas en tan sólo hoyos que marcamos en la arena porque la ola se va?. No quiero eso. Fuimos más que eso, oh, Martín. Te amo más allá de cualquier apariencia, de cualquier vida o muerte, más allá de cualquier tiempo o edad. ¿A quién le debo regalar mis cabellos? Sólo a vos, Martín, porque supiste esperar en mí a la hembra que debía nacer, la hembra que se paró y dijo y obró y luchó contra la oscuridad que amenazaba ganarla desde adentro; la hembra que pudo vencer en un mundo violento de hombres violentos, cuando no había más que la espada, el cañón o la lanza para marcar destinos. Y dioses ajenos enmascarando a los propios.

Oh, Martín: vi cómo la vida se te iba desde la piel, esa piel que ocultó mis caricias con pústulas rojizas; vi cómo se iban las vidas de Ana y Ramón, vidas de mi vida, llagas de mis llagas. Y sentí los pasos de mis propias pústulas trayéndome la muerte, sorda a los aullidos, los llantos y las súplicas. Después la claridad, la inmensa claridad. Así, juntos, iniciamos el viaje a las estrellas en aquel sector del tiempo que asentaron los cristianos en sus libros indescifrables como el Año del Señor de 1718. Con tantos hermanos, como a tantos hermanos, oh, Martín, mi amor.

Yo soy la memoria de Isabel Pallamay. Y soy también la memoria de mi nación. Soy la Señora de los Quilmes, la hija del cacique Francisco Pallamay, la nieta del cacique Martín Iquín —linaje que se remonta hasta los padres de los padres de todo lo que existe, linaje que vi morir cuando morían mis hijos oh, dolor, oh, desgracia infinita— la esposa del artesano de formas y de almas Martín Salchica, la madre de Ana y Ramón, nacidos de mi vientre, ay, para tan corto viaje. Pero hoy vivo, viven, vivimos en las madreselvas, en las rosas, en los tilos y en los jazmines que asoman tras los cortos tapiales de la que ahora es mi ciudad. Y mi memoria vive en los pucarás enhiestos todavía allá en nuestro valle, vive en la presencia de los pocos hermanos que no puedo saber cómo sobrevivieron y siguen peleando por nuestra Pachamama. Sonrío en la algarabía de los jóvenes y en la nostalgia de los ancianos, de todos aquellos que sin saber exactamente por qué, dicen con orgullo: “yo vivo en Quilmes” o “soy quilmeño”.

Yo soy la memoria de Isabel Pallamay. Y esta memoria no perdona. No perdona a quienes nos arrancaron de nuestra Pachamama para enviarnos a morir, sólo para adueñarse de aquello que no podía tener dueño. Aquí está, intacto, mi odio al conquistador. Tan intacto como el odio que el conquistador tiene todavía hacia nuestra brava nación. Si este odio nos costó cuanto nos costó es porque elegimos no tener dueño por encima de todo, incluso de nuestra propia vida. No te sumes a estos odios que no son tuyos. Y no nos juzgues: ámanos. Porque amarnos sería como recordar aquello que muchos quieren que olvides: tus verdaderas raíces. Porque aquí naciste y aquí quieres morir. Y tienes todo el derecho: es tu Pachamama.

Pero yo soy la memoria de Isabel Pallamay y esta memoria vaga por todas las esquinas de tu ciudad, aunque mi cuerpo, el de mi padre, el de mi Martín, el de mis hijos y el de la mayoría de mis hermanos esté preso bajo dos metros de cemento volcado deliberadamente —hace muy pocos de tus años— por ese viejo odio de la Iglesia cristiana: o tal vez están bajo la plaza, allí donde juegan las guaguas, se aman los jóvenes y la gente, pese a todo, trata de ser más buena. Por allí viven mis huesos, mis cenizas, mis vasijas, mi comida predilecta, mis ropas, mi chuspa, mis collares sagrados, todo aquello que me acompañó en mi viaje a las estrellas.

Si alguien desea honrar esta memoria —todo cuanto me queda, todo cuanto me dejaron— lleve una flor roja como la pústula que acabó con nuestras vidas y préndala en las negras verjas de esa Iglesia que construyeron mis hermanos, allí, frente a la plaza. Así unirán mi memoria y la memoria de mi nación a sus corazones. Como debe ser. Y harán algo para cicatrizar la también roja herida que abrió la intolerancia y la soberbia del conquistador. No me olviden. No olviden que existió y amó y sufrió y luchó y anduvo estos caminos —cuando ni eran caminos— Isabel Pallamay, Hembra del Gran Olor, Señora de los Quilmes.

*El enorme Carlos Patiño recibió el premio “Casa de las Américas” por su obra “Esquinas silenciosas”. Para infinitos escritores del continente es el premio más importante que se otorga para una obra inédita en América Latina. El galardón le fue otorgado en 1990 en el territorio libre de América latina, Cuba, justo cuando se cumplía el 30° aniversario de “Casa de las Américas”. Patiño publicó 8 libros de poemas y una obra de teatro “Jaque a la dama”, ganadora del primer certamen de teatro “Nuestra América”, llevado a cabo en la Universidad Autónoma de Sinaloa, México en 1979. El poeta vive en Bernal.

**En el momento en que se publicó el monólogo (diciembre del año 2001) y en el número 26 de la revista Los Indios Kilmes, la novela no había sido publicada. Hoy, sí. La editó Mondragón Ediciones en el año 2004, cuando trabajaba ahí, el escritor, actor y poeta, Ariel Pytrell. Se llama La Pallamay (la indescifrable estrella de los indios quilmes).

***La novela se consigue llamando al 155-669-1163 o, escribiendo a crisbonelli (arroba)gmail.com. Y, los 14 de septiembre, niños y grandes de Quilmes —y no solo— le llevan (a Isabel y a su pueblo) una flor roja para prenderla en las verjas de la Catedral de Quilmes.

Dardo Abbattista Los Quilmes

Arrullo de palomas

Miércoles, 16 de Junio de 2010

Desde la histórica Plaza de Mayo, antigua Plaza de la Victoria, Viviana Gómez, delegada de Colalao del Valle —uno de los 14 pueblos que integra la Comunidad India Quilmes de Tucumán—, libera lo que acontece en su lugar, respecto de los desalojos. En la memorable jornada para los pueblos indígenas argentinos del 20 mayo (y a sólo cinco días del Bicentenario), Viviana, cual ave mensajera, también avisa, de campos con electricidad.

  

Marcha Nacional de Pueblos Originarios / 12 al 20 de mayo de 2010

Marcha Nacional de Pueblos Originarios / 12 al 20 de mayo de 2010

               

Nosotros, por orden del cacique y del Consejo de Delegados, recuperamos nuestro territorio. En un principio, eran cuatro hectáreas con el fin de hacer únicamente viviendas para nuestra gente. No pedíamos hectáreas para cultivar nada. Entonces, ejercimos nuestro derecho para vivienda, nomás. ¿Por qué? Porque en Colalao hay muy pocos espacios para ello y nadie quiere ni vender ni prestar los terrenos, cuando algunos sí los están vendiendo o los están reservando para empresas privadas.

 

Y la gente se nos está yendo. La familia se está deshaciendo. La juventud está desarmando sus hogares y está separándose porque no tienen un lugar de contención. La idea era —principalmente— hacer las viviendas. Segundo, crear un mercado artesanal porque todos somos artesanos. Sabemos tejer, sabemos trabajar la piedra, sabemos trabajar la madera. Y, en tercer lugar, era crear un comedor-albergue para que los chicos que están fuera de la escuela o que viven lejos de ella, por lo menos, tengan un plato de comida digno para volver, después, a sus hogares.

 

¿Por qué? Porque hay chicos que viven a 8 kilómetros del lugar escolar que tienen que ir y venir todos los días y resulta que con los pies, ya no resisten. Por esto también nosotros, con la aprobación del cacique, habíamos comenzado a construir nuestras casas. Y lo decidimos realizar en ese espacio porque era un espacio de campo abierto. No estaba cerrado. Nosotros no cortamos alambre y no tiramos vallas de ninguna clase.

 

¿Y cómo edificamos las casas? Con los mismos adobes. Nosotros no compramos ladrillos. Teníamos cinco casas con gente que ya estaba viviendo en el lugar, prácticamente. El primer desalojo fue el 16 de septiembre del año pasado. Fueron 150 oficiales a desalojarnos. Nos sacaron y dejaron todas las cosas tiradas al frente. Y con la Comunidad decidimos volver a nuestro lugar, a los tres días. Y cuando  lo hicimos —ya no sólo con la aprobación del cacique y del Consejo de Delegados sino, también, con el visto bueno de la Unión Diaguita, es decir, con varios caciques de nuestra hermandad—, volvimos a levantar de nuevo lo que nos habían tumbado. Aunque en el corto tiempo que tardamos en volver, nuestra gente, se fue a alquilar y de a poco nos fueron rompiendo ilusiones. Sin embargo, seguíamos fuerte pero con la duda. Con la duda de que nos vuelvan a tirar, no con la duda de que somos dueños de nuestro territorio. Si no, con la duda, de que el Poder y el dinero pueden hacer más que unas leyes aprobadas y creadas por ellos mismos.

 

El segundo desalojo fue el 5 de enero de este año y vinieron con la misma cantidad de efectivos, gendarmería, caballería, infantería. Y nosotros ya sabíamos lo que nos esperaba, o sea, que dejamos todo y nos fuimos para las casas de nuestros familiares. Porque, lamentablemente, no podemos con el Poder y con estos hombres de azules que ya sabemos el mando que tienen para hacer las cosas. Y nos volvieron a destruir pero a diferencia de la primera, esta vez quemaron. Quemaron los colchones, las cañas, que eran los techos. Quemaron puertas y ventanas y medicamentos y ropas de criaturas que estaban viviendo ahí. La gente veía cómo ardía en los cuatros puntos. Y cortaron los alambres donde nosotros habíamos protegido porque habíamos comenzado a sembrar, para que los animales que andan sueltos, que son las ovejas y los burros, no nos coman lo sembrado. No era porque queríamos hacer límites sino para proteger nuestro sembradío. Nos cortaron los alambres de metro en metro sin tener piedad de nada. Después, ingresó la policía y empezaron a levantar ellos una casa con los mismos adobes que nosotros habíamos construído y pusieron a una familia que no era de nuesta zona, sino de Salta.

 

Quienes contruyeron esa casa fueron los de la empresa Neucom y la señora que nos desaloja, Encarnación Rodríguez de Colombo. Ella integra una Asociaión Civil que quiere nuestras tierras, para viñas. Ya se ha comprobado que nuestras tierras tienen muy buen porcentaje vitivinícola. Ha venido gente de Mendoza y ha visto que la produccción de la uva es mucho mejor que la de Mendoza porque no tiene fertilizante. Son tierras vírgenes, le decimos nosotros.

 

Y han decidido venderlas con Adán Díaz, el Delegado de Colalao del Valle (cargo similar al de Intendente), es decir, con el Gobierno de Tucumán. Entonces, el Delegado, está jugando para el dinero porque acá hay plata de por medio. Y no hablamos de pocas monedas ya que al hablar de empresas privadas, hablamos de mucho dinero.

 

Y acá, en el segundo desalojo, donde nosotros volvemos a ingresar el 1 de febrero, hicimos un pacto con el Delegado donde íbamos a trabajar Comunidad-Comuna, para el bien del pueblo. No para el bien de uno o dos. Pero cuando nosotros decidimos recuperar nuestro terreno, cambió completamente. (El pacto Comunidad–Comuna, consistía en que se respetaba nuestro territorio). Nosotros no queremos vender viña a nadie. No queremos vender tierras, eso que quede claro. Porque los hijos se nos están yendo y tierra para nosotros es fortuna, no por dinero, sino porque es sagrado lo que tenemos ahí. Tenemos seguridad, plantas que producen, entonces, no vamos a permitir que una empresa privada venga a hacerse dueña de nuestras tierras. Nosotros la vamos a cuidar y la vamos a defender porque la tierra es nuestra madre, nuestra Pacha Mama. Para nosotros, la Pacha Mama, es como si tuviéramos algo muy conectado a nuestra tierra, entonces, cuando la humillan, —destruyéndola y volteando nuestras casas—, nos estan humillnado a nosotros. Y destruyen a nuestra madre, la tierra, que, a su vez, es madre de todos. (Si nosotros no tenemos la tierra, no tenemos nada). Es decir, sino cuidamos la tierra, no cuidamos a nuestra madre. Y desde ella tenemos para producir, para alimentarnos, para hacer nuestra casa y para seguir adelante con los hijos, con los nietos y con los que vendrán.

 

Ahora, hemos decidido no respetar las cuatro hectáreas porque, ellos, cortaron los alambres. Entonces, nosotros, no peleamos por las cuatro hectáreas, peleamos por todo un territorio de punta a punta, de norte a sur. Y decimos: todo territorio que no esté alambrado pasa a ser de la Comunidad India Quilmes.

 

El significado

 

Colalao significa, en cacán, lengua madre de los quilmes, arrullo de palomas. No las palomas que tenemos acá, en la Plaza de Mayo, sino las palomas nuestras, silvestres. Y el arrullo de ellas te indica cuando va a nacer una niña, cuando va a nacer un varón. En su canto, te avisa, cuando va a morir alguien, cuando va a cambiar el clima. Nosotros, por el arrullo de palomas, conocemos nuestras estaciones y los mensajes.

 

Y son más chiquitas que las de acá, son grises, color de la tierra, marroncito, son las torcazas que le dicen, la bumbuna. Algunos de los niños la cazan para comer y hacer un guisito. Pero no permitimos que la maten por deporte.

 

¿Y qué anuncian las palomas

en Colalao del Valle?

 

Que la vamos a ganar y que la Presidenta tiene que aprobar. Tenemos que seguir adelante con esto. Sea lo que sea, aunque sea dejando nuestra propia vida. Estamos decididos. No vamos a permitir que empresas privadas nos invadan el territorio. Por eso estamos acá. Hemos salido el jueves de la semana pasada y en otras provincias han salido el lunes anterior y otros del sur, han salido mucho más antes. Estamos sin comer, estamos sin dormir. Nos bañamos con un baldecito de agua, caminamos diez días, tenemos en los pies, cayos y espero que la Presidenta no de un paso atrás y que no mire hacia los costados; por los intereses. Que no venda la Argentina, que la Argentina es nuestra y la tenemos que defender.

 

A partir de la marcha creo que vamos a ser escuchados. Ya no pueden hacer una mirada al costado. Nosotros hemos venido a varias marchas en Buenos Aires, pero con la multitud que se ha sumado hoy, se le está queriendo decir a la Presidenta que detrás de nosotros, hay muchos más. Ya no más empresas privadas y minas la Alumbrera que nos contaminen.

 

El árbol

 

Para nosotros, el algarrobo, es una planta muy respetada, es muy sagrada (le dicen, el árbol), porque en el se escribió, donde comprendía nuestros límites. En la planta está escrito todo. Tarda 50 años para que pueda sacarse madera. Es una planta dura que significa: seguiremos con la fortaleza. Además, te da el fruto y con el fruto alimentás a los animales. Le podés, tal vez, haciendo un patay, dar un poco de alimentos a tus niños. Y te da una sombra que te va a durar por años. Entonces lo respetamos por sí. Y hoy por hoy, ésta empresa Neucom, con la aprobación de Estación Civil, ha pasado últimamente topadoras por la zona, destruyéndo todo lo que eran nuestros árboles de algarrobos para poner; viñas. Es increíble ver de un extremo a otro cómo se ha destruído para poner únicamente viña. Los han tirado y los han quemado sin importarles qué és lo que significan los árboles. Y han puesto alambres con corriente por todos lados.

 

¿Cómo? ¿Alambres con corriente?

 

Claro. Son los tipos boyeros (es algo que pasa corriente al alambre de medianera, entonces el animal se acerca y hace un contacto de corriente). Lo pusieron para que los animales que andan suelto que son las ovejas, las vacas —cuando nosotros estamos acostumbrados al pastoreo libre— no puedan ingresar (agarrándoles la corriente) o, sino, los matan y los comen ellos.  Ésa es la ley de la gente que tiene dinero. Y, hoy por hoy, ésta empresa Neucom está cuatrereando porque se aprovechan de esos alambres, cuando los animales están acostumbrados ha andar sobre campos abiertos. No podemos reclamar porque entró a un privado, como dicen ellos.

 

Los boyeros están puestos en campos abiertos, donde no hay casas cerca. Para nosotros, los animales nuestros, han pastado por siglos y por años han estado sueltos. Ahora no tenemos agua, porque ellos invaden con las bombas de agua. Nosotros le decíamos los lugares de agua negra (que son estanques y represas donde los animales van y toman agua). Ellos, al poner cuatro o cinco bombas de agua, para una producción de viña, están acabando las capas subterráneas de agua y así están secando la vertiente. La empresa hace cuatro años que está. Primero empezó con dos hectáreas. Ahora, al ver que la uva le está dando bastante producción, quiere invadir todo el territorio. La empresa utiliza para trabajar toda gente de la zona donde la mayoría trabaja en negro. Y, con la necesidad, se está aprovechando de la gente. Trabajan de las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. La empresa está trabajando para el otro lado, casí al límite con Salta. Estarán a 8 kilómetros.

 

En cualquier momento, van a empezar a contaminar la tierra. Porque los dos primeros años no le van poner fertilizante a la tierra pero los años posteriores, al ver que produce-produce, van a empezar a poner fertilizantes y van a empezar a contaminar la tierra. En un año han sacado 10 mil kilos de uva y para el otro año quieren sacar 100 mil. Entonces, tienen que producir de alguna forma porque tienen que ingresar dinero. No les importa lo que cueste.

 

Además, el juez de Colalao del Valle, Adolfo Salazar, es quien, supuestamente, tiene la autorización de firmar los papeles. Él firma papeles de compra y venta, no le importa cómo ni por cuánto. Él firma papeles y no tiene límites. Así es la forma que nos han invadido.

 

Yo creo que esto se termina con esta marcha. Si la Presidenta dice “basta a esto”. Y así que se respete nuestro territorio, que se respete la ley 26.160  que ellos la han inscripto, que ellos la han formulado y que emana de la Constitución Nacional; podemos, con fuerza, ejercer nuestro derecho. Es la ley que dice, no al desalojo de las comunidades indígenas, respetando nuestro territorio.

 

El pedido

 

En estos momentos, estamos nosotros en el terreno, produciendo con huertas. Volviendo a realizar los adobes, volviendo a levantar nuestras casas. Estamos levantado tres casas. Y vamos a seguir porque eso es nuestro. No vamos a abandonar. Vamos a seguir adelante. Lo que pasa… que hay miedo e impotencia porque es feo ver que te destruyan las casas y que todo quede, muchas veces, en la nada. Porque el Gobierno de Tucumán, no se ha hecho cargo en ningún momento, ni tampoco Derechos Humanos, ni Medio Ambiente, a pesar de que tenemos denuncia contra denuncia. O sea, se invierte dinero y se invierte fuerza y no vemos respaldo. Únicamente tenemos el de la Unión Diaguita, de nuestro pueblo originario. Y económicamente cuesta mucho dinero, porque son chicos jóvenes. Y ellos han soñado y le han destruido. Le han destruido malamente, sin piedad, porque ellos miraron cuando se le quemaba la cosa. Cientocincuenta polícías ¿qué podemos hacer? Yo he decidido —y era un pensamiento general de mi Comunidad—, preservar la vida de mis hermanos y no que vayan a un enfrentamiento. Ver la forma en que se quemaban las casas, da impotencia. Era de llorar, día y noche, porque no puede ser que el Poder haga más que las leyes y la unión que tenemos nosotros.

 

A la Presidenta no le pedimos nada. No le pedimos bolsones. No le pedimos mercadería. Pedimos que se respete nuestra tierra. Nada más.

 

Por Dardo Abbattista

 

Fotos: www.mandiocacine.blogspot.com

 

Dardo Abbattista Los Quilmes

Jesús de los Quilmes

Lunes, 26 de Abril de 2010

¿Cuántos medios ignoran que los quilmes viven y resisten en Tucumán? Casi todos… Si hasta Clarín (el diario que, después de El País, de España, es el más leído de habla hispana) en su Atlas de la Argentina habló de ellos como que alguna vez existieron… y no conocieron la cerveza. Pero en agosto de este año vinieron junto con sus hermanos de Catamarca, invitados por Lucrecia Lombán (integrante de la Asociación Permanente por los Derechos Humanos de Quilmes), María Elena de Villaflor (arquitecta y docente), Liliana Moroni (maestra también) y quien escribe para dar una conferencia y hacernos conocer de cerca su realidad. Lo hicieron el lunes 24 de agosto en la biblioteca Mariano Moreno de Bernal ante 500 personas. En este número siete —de diciembre de 1995— no volcamos lo que allí pasó; sin embargo, a través del reportaje, se encontrarán con la vida de un hombre, la historia de un pueblo, con la américa india. Se trata de Tucumán; se trata de aquellos que llevan en su piel el color de la tierra: Jesús Costilla. Aunque no tenga apellido “ilustre”, ni lo veamos seguido por TV, le sobre Sol, Río, Vivencia y Nombre para decirnos: “A mí gusta que me digan ¡eh!, ¡sos un indio! Me pongo ancho”…

 

1995. Don Jesùs en la biblioteca Mariano Moreno de Bernal. Fotografìa realizada por Ariel Pytrell.

1995. Don Jesùs en la biblioteca Mariano Moreno de Bernal. Fotografìa realizada por Ariel Pytrell.

 

 

Cuando las aguas bajan turbias

 

Me levanto temprano dos y media. A la cinco de la mañana ya estoy lejos por ai trabajando. Ahí no hay pa’ quedarse en la cama. Hay que cuidar a los animales porque hay zorros, leones, se comen la oveja. Vuelvo a las doce y vuelvo a salir hasta tarde, voy a copiar poleo. No sé cuando ha pasado el domingo, yo trabajo igual. El día de riego hay veces que uno se levanta a la una y media y riega en la oscuridad. Hay que ir más o menos a 8 km. a ver el agua, largarla del tanque de la represa, cuidarla. Tengo que acompañarla porque viene por una acequia. Hay que seguirla, juntarla y traerla a la finca, claro, tiene que ver que no esté abierta por otros costados, para otras personas; el agua es de una vertiente, pero el río es muy piedrudo. Yo tengo el agua en el mes dos días de turno, que uno me cae el 8 y el otro el 20, pero hay otra gente que está peor que yo porque le cae a los treinta y dos días, no se salva nada tenemos separado para cada vecino el agua, pero hasta que vuelva a los treinta y dos días ya se ha vuelto a secar. Quilmes tiene todas las necesidades. Antes el agua era abundante, limpia, ahora no alcanza y de día en día es más sucia… es una inmundicia. No alcanza para poder cultivar, para poder vivir, no se siembra. Para tomar tengo un pocito, otros no tienen, lo sufren peor, vienen a casa a llevar agua en baldes. Yo quisiera que vayan ahora pa’ que vean como están los animales ahí tirados, no hay pasto, no llueve. Este verano ha llovido una sola vez, es triste… es fiero.

 

Sus antepasados privados de su presente

 

En la escuela vivía un viejito, le sabían decir viejito “iuro”, don Adrián era de Italia, él nos enseñaba: habíamos hecho duraznos, uvas, poleo… a mí me gustaba, el que traía más poleo era yo… estaba más cerca del viejo. A los 9 años empecé con la artesanía, hasta hoy sigo nomás. El turista va a las Ruinas, el de ahí de Quilmes no va, porque no tiene dos pesos para pagar. Dicen que es nuestro, pero parece que no es porque hay que pagar dos pesos, es privado, no somos dueños. Nosotros estamos negados de pasar de las Ruinas para allá, negados; no se puede vender. El Gobierno tiene la culpa, lo ha arrendado y chau, tienen el hotel. Si discutís te mandan preso, les crían sumarios, así que tienen que estar ahí chato.

 

En el diario no hablaban de ti

 

Pero… esos salen a favor de los terratenientes. Si llega a caer alguna tormenta con piedras, que le rompe todo lo que tiene sembrado, por ejemplo el Gobierno de Catamarca, lo reconoce. En Quilmes es al revés: nosotros denunciamos, sacan fotos y todo y le dan al terrateniente. A nosotros ni la semilla. Vienen, hacen el censo, vamos a la policía, al juez, ¡ah! que le parece… unos vamos a caballo, otros a pata 14 km. , algunos tienen pa’ comer, otros no. Ocurre que cuando hay un diario interesante no lo venden, palabra de Dios, no lo venden, no lo llevan, lo llevan tan lejos…

 

La huelga grande y el sombrero de prestado

 

Éramos chicos y la escuela estaba lejos. Fui hasta primer grado. En segundo duré dos días. Ya había llegado el tiempo en que conchababan gente pa’ el ingenio Ledesma y dicen: “bueno chango, vamos a ir a pelar caña”. No sabíamos qué era, teníamos 8 años. Cuando iba el contratista a vernos nos poníamos grande, que era prestado, para aparentar ser grandes. Eran sombreros nomás, pero ya figurábamos con número de libreta en el ingenio. Ahora se maneja todo con computadoras. Hoy no se pueden conseguir los aportes, éstos se hacían en el ’50, en el tiempo del General Perón y Evita. Yo me acuerdo cuando ha sido la huelga grande en el ingenio Ledesma, era mozo, fue en el ’49 y duró 45 días. Hemos comido locro, dormíamos en el campo, en las piedras, ahí afuera. Reclamábamos aumento, nos pagaban muy poco. Nos largaron a la gendarmería, pero había viejos duros ¿no? Se había ganado a los 45 días y teníamos una bandera. Nos han ayudado todos los almacenes, no nos fiaban, no nos vendían, nos regalaban la mercadería apoyando la huelga.

 

Roano

 

Nací en el Rincón de Quilmes. Hemos sido once hermanos. Siempre me acuerdo y reniego en serio, es fiero ser pobre, me acuerdo bien. Yo era el más grande, veníamos a pie, teníamos un burro que le decíamos burro Roano. Y en ese mi papá y mi mamá cargaban toda la camilla, toda, pero toda.

 

Durmiendo con el enemigo

 

Ellos no han dado la mano, pero yo sí. De este terrateniente Chico queda uno, esos animales ¿no? Había que pagar el arriendo. Si no tenía la plata te pedían un novillo y nosotros no teníamos vacas. Había que ir a trabajar para ellos, ensillarles el caballo pa’ los niños. Y no ha sido hace muy mucho. Tengo 64 años así que hace 44 años. Trabajábamos de sol a sol. De mañana se usa de que hay que tomar mate cocido en el suelo. Al otro día se levanta no para ir a la pava del mate cocido, tenía que ir a ver la pala… a ver el pico… a ver el hacha. Te dan un pedacito de pan, con una tacita chiquitita a las 10 y a las 12 nos sacaban, nos ponían allá lejos. Ellos son ricos, ellos comían lo mejor, nosotros estábamos ahí mirando. Los Chicos, los terratenientes, se reían, nos miraban, nos decían “cara de fieros”, nos hacían señas… comían y se iban a dormir y no nos llamaban a comer, entreveraban la mazamorra y guiso, la sopa, el locro, los pedazos de panes que quedaban y eso nos daban, ¡la sobra! Comían el postre, mucha fruta, la uva le comían toda linda, lo mejor del durazno. Todo lo podrido, eso, era el postre nuestro. ¡Yo he pasado eso! Ahí no se conocía la heladera, carneábamos, colgaban la carne podrida y con eso nos cocinaban. Para ellos había carne del bueno.

 

La deuda eterna

 

Ortega, bueno, han venido a vernos una vez. Se ha pedido audiencia, no nos ha recibido nunca, nunca.

Nosotros estamos organizados, pero ya han pasado más de veinte años y qué hemos visto: con cada Gobierno va peor. Uno quiere defender lo nuestro, que la gente vea, luche, pechee. En el Gobierno de facto, la cantidad de gente que se ha perdido… En aquel tiempo me han hecho torturar, estábamos defendiendo nuestras tierras. Hacían la denuncia a la gendarmería, que éramos montoneros… y bueno, mandaban carros y nos castigaban. Me han mandado preso, no me dejaban cultivar la finca, pero yo hacía canastos y así luchaba. Una vez vinimos a Buenos Aires… Vivía Perón, nos siguió la policía, nos habían recibido todos, y un grupo de periodistas preguntaba ¿ustedes? ¿qué armas han traído? Ni honda, ni honda teníamos. Hace muy mucho que nos halagan así como perro chiquito. Ya estamos cansados, no le creemos a nadie, a nadie. Si nosotros no hemos visto nada porque cada año está peor. Cuando viene cerca la política (elecciones) y ha vuelto a pasar otra vez, te dicen, ¡che, qué necesitas!, bueno, vamos agarro el caballo, le enseño todo y dicen: mirá Jesús, esto lo vamos a hacer así, ya está y se va. Pasa ese período de Gobierno, viene otro, ese lo hace mejor, ya le dice con las dos manos, mire ¡hay que hacer así!, escriben, sacan fotos, llevan arquitectos, arquitectas, todo, todo, lo filman, miden el agua, traen botellas… ponen palos, pintan los pinos… no, eso no es mejora.

 

Los nadies

 

En el centro de salud cada dos o tres meses se consigue algún geniol, no tenemos nada, lo mejor de allá es la escuela, nada más, correo no hay. El centro de salud no tiene médicos, cuando alguien se enferma y bueno, se muere ahí. Para sepultarlo hay que pagar $500 más los otros impuestos que cobra el intendente. Y toda la gente dice que las tierras son nuestras y ¿por qué no somos dueños de enterrar los muertos? El hospital está a 24 km. en la provincia de Catamarca, pero no nos pertenece. El hospital que tenemos está en Tafí del Valle a 67 km., y bueno, el que puede trasladarse, y el que no puede se muere, se queda, muere en el camino… porque acá aunque haiga ambulancia, usted la pide, pero sino le da la plata para la nafta, no lo lleva… Hay que pagar la nafta ida y vuelta… y si hay algún quebrado no lo arreglan allá, hay que traerlo a la provincia de Tucumán, ya cuesta mucho, nosotros estamos a 200 km. de la ciudad de Tucumán, de la capital. Hay que cruzar todo el cerro. El vehículo que hay en el pueblo camina dos o tres cuadras y hay que pechearlo, pero queda ahí. Cuando se muere alguien lo llevamos a otro pueblito, porque no tenemos cementerio, lo trasladamos en una escalera… con un palo.

El primer teléfono lo tenemos en Santa María (Catamarca) a 24 km., otro a 60 y en Colalao a 17 km. hay que ir en ómnibus. Mi casa está sobre la ruta y lo tengo a dos metros, pero hay mucha gente que está lejos a 15/20 km., pero en ómnibus va el que tiene plata.

 

Apuñalaron al Sol

 

Nosotros hemos visto, donde la gente cava todavía, al indio lo enterraban con sus mejores prendas. Hay hombres que han sacado cosas, les han hecho mal el vapor de los metales. Nosotros estamos dentro de la ambicia, ahora somos mezquinos no servimos pa’ enterrar. Ni a nuestro padre, ni a nuestra madre, ni a nuestro hermano ¡a nadie se le da lo que hay que darle! o como lo tenemos que cuidar, que le tenemos que poner arriba. Nada más que lloramos, lloramos porque se ha muerto, pero por abajo está nuestro interés. Nosotros hemos visto cómo enterraban al indio sentado y a la vuelta le ponían lo mejor que él tenía, ahí se encuentran los metales, los adornos, las mejores ollas están en las bóvedas… y hoy los cavan de noche… hace poco lo ví…

 

Papel de trapo

 

¿ Y Cuáles son sus esperanzas cuando viene a Quilmes, en Buenos Aires y ve que enfrente tiene 500 personas?

 

Y bueno, nosotros siempre soñamos y vivimos soñando, pero ve, es tan lerdo todo, cuando hemos venido la otra vez (en el ’93) nos hemos ido presumiendo ¿no?, pero no ha pasado nada. El papel no habla, no hace nada, usted lo escribe y ya está.

 

Raíces

 

Es muy lindo ser indio, a mí me gusta que me digan, ¡eh!, ¡sos un indio!, me pongo ancho… Hay gente que no sabe reconocer, no sabe sentir, lo que está, donde está o lo que es. Por ejemplo, nosotros nos encomendamos, se va al cerro, se hace la ofrenda, ¡si somos de la tierra, hay que pagar a la tierra! se la abre con la mano, se hace un oyito, se la pone ahí, se lo hace cuando uno necesita algún favor que le devuelva la tierra, que lo ayude, uno pide, me encomiendo a la tierra y a Dios. Se paga a la Pachamama, se paga en cualquier parte, porque la Madre Tierra está a donde uno anda, adonde uno pisa la siente… esa es la fortaleza…

 

Por Dardo Abbattista

 

Publicado en la revista Los Indios Kilmes número 7 del año 1995.

Dardo Abbattista Los Quilmes

El inventor de los dibujos animados

Jueves, 1 de Abril de 2010

Quirino Cristiani

 

Un ejemplo para Disney

El 9 de noviembre de 1917 se estrenaba en el cine Select Suipacha el largometraje “El apóstol”, con el que el dibujante italiano Quirino Cristiani sorprendía al mundo entero con su obra cumbre: la invención de los dibujos animados.

Cristiani, que había nacido el 2 de julio de 1896 en el modesto pueblo piamontés de Santa Guilletta, fue traído por sus padres en 1900 a Buenos Aires. Desde pequeño demostraba su bohemia e inclinación por el arte al obtener algunos “ceros” por distraerse en clase realizando caricaturas.

 

Quirino en su estudio.

Quirino en su estudio.

 

Ingresó en su adolescencia en la Academia de Bellas Artes, pero la calle y las redacciones pudieron más; de esa manera, Quirino comenzó su labor como dibujante en la revista “Sucesos”; luego aportó su oficio a “La Gaceta de Buenos Aires”, para recalar en 1916 en el noticiero “Cine Revista Valle”, su director le encomendó idear movimientos a las caricaturas políticas que divertían a la concurrencia.

Para lograr que las figuras tomasen vida, el pionero de la animación dibujaba retratos humanos y de animales que recortaba en trozos anatómicos. Más tarde los colocaba sobre un pizarrón apoyado en el suelo horizontalmente y en un caballete montaba una primitiva cámara “Urban” con la que accionaba 16 veces su manivela y movía pacientemente los cartones para dar la sensación de un solo movimiento completo del personaje. La luz solar y la azotea completaban el escenario de la fatigosa prueba.

En la realización de “El apóstol” se confeccionaron la friolera de 158.000 dibujos, seis meses de trabajo y 1.700 metros filmados uno por uno por Cristiani. Era una sátira al entonces Presidente Hipólito Yrigoyen y duraba setenta minutos, con el libreto de Alfonso de Laferrere y la producción de Federico Valle.

 

Y ya entonces, la estúpida censura

 

 El precursor italiano sufre la primera censura por parte de la Munipalidad a su largometraje “sin dejar rastros”. Este traspié lo obliga a retomar las actividades periodísticas, trabajando en distintos medios gráficos de la época y elaborando, paralelamente, cortometrajes publicitarios, políticos y deportivos, entre los que citamos “Firpo-Dempsey”, “Humberto de garufa”, “Argentinos en Sevilla”, etcétera, para desempeñarse en 1927 como director de publicidad de la Metro-Goldwing-Mayer e inaugurar el año siguiente su propio laboratorio fílmico.

Quirino emprende la tarea de crear al primer largometraje en el mundo de dibujos animados sonoro y lo logra en 1931, con “Peludópis”, una sátira dedicada, como “El apóstol”, a H. Yrigoyen, con la duración de 80 minutos. Pero, con la revolución de 1930 el gobierno de facto de José E. Uriburu censura esta magnífica obra que, no obstante, es presentada aunque no dura más de un mes en cartel y provoca una pérdida de $25.000 al realizador.

Sin embargo, estas viscisitudes no desanimaron a Cristiani que continuó con los filmes “Carbonada” y “El chiste animado”, hasta que estrena en 1938 “El mono relojero”, basado en un cuento de Constancio Vigil y con la participación en los diálogos de Pepe Iglesias “El Zorro”, recibiendo premios de la Municipalidad metropolitana.

 

“El Mono Relojero” realizada por Cristiani en 1938

“El Mono Relojero” realizada por Cristiani en 1938.

 

 

El mundo de Disney,

el mundo de Quirino

 

Una de las mayores satisfacciones que tuvo Quirino Ciristiani fue la visita que realizó Walt Disney en 1942 a su estudio cinematográfico. Cuando el realizador norteamericano vio “Peludópolis”, se suscitó este diálogo:

 

“Peludópolis”

“Peludópolis”

 

Disney: ¿Con cuánto personal realizó esta obra?

Cristiani: ¿Qué equipo ni personal? Lo realicé todo yo. No sólo la creación de los personajes sino también los dibujos.

D: ¡No puede ser, si nosotros necesitamos 20 dibujantes!

Allí mismo, Disney le ofreció a nuestro artista un puesto en su equipo, pero Quirino rechazó la tentadora oferta porque había echado raíces en Argentina.

Quirino, ayudado por Atilio, el mayor de sus dos hijos, continuó al frente de su laboratorio pero se trasladaba periódicamente a la ciudad cordobesa de Unquillo para encontrarse con el afamado pintor Lino Spilimbergo, hasta que un incendio en 1962 se llevó para siempre la valiosa filmografía pionera del cine mundial obligando a Cristiani aun retiro forzoso. Vivió en Córdoba, más tarde en Wilde y se afincó, definitivamente, a partir de julio de 1980 en la casa de la calle Rodríguez Peña de Bernal, en compañía de su nieto mayor, Héctor y familia.

En 1981 fue invitado a su pueblo natal, donde fue presentado el libro “Due volte 1 Océano” (vida de Quirino Cristiani) de Giannalberto Bendazzi; se le suma a esta hecho el filme-reportaje que llevó a cabo Jorge Surraco presentado en la Escuela Panamericana de Arte.

Pero, ¿de dinero?, ¡Ni hablar! Mientras Wald Disney construía un imperio multimillonario, Quirino Cristiani, su ejemplar antecesor, solicitaba una pensión a la vejez para poder sobrevivir.

Aquejado por un soplo cardíaco, Quirino Cristiani falleció, mientras dormía, el 2 de agosto de 1984 en Bernal, a los 88 años de edad y dejando un legado para sus vecinos quilmeños de quien jamás claudicó ante la tentación del dinero ni el poder; asemejándose a un pájaro que, invocando la libertad, extendió sus alas y se largó a volar.

 

Por Enrique Rodríguez

 

Publicado en el número 1 de Los Indios Kilmes, que salió a caminar, el 10 de junio de 1993. hector_cristiani@yahoo.com.ar, es el correo de su nieto y, Dos veces el océano, el libro del historiador italiano, Gianalberto Vendazzi.

Quirino Cristiani, todavía aguarda que, en Quilmes, alguna plaza, teatro o escuela, lleve su nombre como en Unquillo, Córdoba, el lugar donde también vivió.

Dardo Abbattista Quilmes

Luis… Luis…

Sábado, 27 de Marzo de 2010

Luis Laporte tenía 28 años y “era un pan de Dios. Era pasado de bueno; una vez se fue a Salta y cuando volvió me trajo una quena y tierra de regalo”, cuenta Gabriel, su hermano más chico, que no lo olvida. Vestía todo desalineado y siempre leía. Gabriel todavía lo ve tomando mate en el patio de su casa y escuchando a Hugo Guerrero Martineithz. Ve la sonrisa que el hermano le devuelve a la madre después del enésimo reto: “¿De dónde viniste?, otra vez con los pies llenos de barro”. Luis militaba en la Juventud Peronista y caminaba por las villas de Quilmes para saber en qué podía ayudar. Sus compañeros de secundaria lo llamaban  “Astroboy” porque era un “bocho” y sus notas andaban siempre por las nubes, siempre de siete para arriba. Hace poco sus ex compañeros, después de tanto tiempo, querían volverse a encontrar. Ubicaron su teléfono y lo llamaron: era para invitarlo a una fiesta de egresados. Atendió Gabriel  y les contó lo que había ocurrido, pidiéndoles “si lo pueden recordar”. Un mal día, un día de dictadura, el 16 de agosto de 1977, salía de su casa de Quilmes hacia el trabajo en Lanús. Iba para la fábrica donde era obrero y la dictadura de Videla lo desapareció. Luis, como los de esa juventud maravillosa, los de esa generación maravillosa, estaba bien armado: llevaba a cuestas el bolso de los sueños. Su padre, después de tanto buscarlo y buscarlo junto con su mujer, entrecierra los ojos, se va yendo, está internado en terapia intensiva y no habla ni reconoce a nadie. Él había sido miliciano español y vuelta a vuelta, como era antiperonista, se trenzaba y lo peleaba a Luis. Los médicos ya no pueden hacer más nada y dejan pasar a sus dos hijos, de repente hace un gesto como pidiendo algo. Uno de los hermanos lo entiende y le alcanza rápidamente una lapicera y una hoja en blanco que rompe de su agenda. Allí escribe como puede, desde el alma, Luis… Luis… y se va.

Por  Dardo Abbattista

 

*gabriellaporte@yahoo.com.ar

Luis, en su casa de Quilmes, con Miguel y Gabriel, sus dos hermanos.
Luis, en su casa de Quilmes, con Miguel y Gabriel, sus dos hermanos.
Con Margarita Amengual, su madre.
Con Margarita Amengual, su madre.
Cuando terminaba el secundario en el Nazareth de Quilmes.
Cuando terminaba el secundario en el Nazareth de Quilmes.

Dardo Abbattista Quilmes

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